El Siglo de las Comunicaciones

            Feliz todo el mundo en este “Siglo de las Comunicaciones”, eso al menos era lo que creía, cuando apareció internet para todos, celulares, teléfonos satelitales, redes sociales, diarios cibernéticos, emisoras F.M. y todos dándonos la posibilidad de opinar sobre esto y aquello, ya sea algo humano o divino, no importa tener conocimientos, al parecer ahora basta con tener “las patas” y ese Maquiavélico sentido de desnucar a cualquiera que nos contradiga, llegando a extremos tales, que ni siquiera importa el género o la edad de los aludidos, la cuestión es desfigurar para siempre a quien suponemos un enemigo y si trabajamos en una radio, parece que nos pagan por la cantidad de nada en una verborrea que probablemente esté muy de acuerdo y a la altura de su educación de quien las oficia de locutor, porque la vulgaridad es confundida como desenfado o desplante para manejar el micrófono.

            Creo que la mala locución y el abuso de confianza en Internet, son verdaderamente las nuevas armas de los cobardes y mal educados, que ocultándose en un supuesto anonimato denostan despiadadamente a cualquiera, recurriendo a un lenguaje vulgar que calza muy bien con su ortografía. Antes de presenciar u observar un espectáculo, reunión o charla, ya están criticando al orador, tal vez por buscar una disculpa fácil para no asistir o verdaderamente hacen lo que acostumbra el escorpión, auto eliminarse con su propia ponzoña, para no admitir algo nuevo en su cerebro.

            Es imprescindible que cada vez que escribamos una crítica en algún medio, la firmemos con nuestro verdadero nombre y si alguien desea debatir, de inmediato le demos en el gusto, ya sea en la radio o en medios escritos, al menos eso hace una persona cuando cree tener municiones en su cabeza que le permitan defenderse.

            Algunas veces al estar al aire en alguna radioemisora en las que asisto semanalmente a programas, llaman personas que dan su opinión pero se niegan a dar su nombre, en otras al extender una invitación vía facebook  para que acudan a recrearse o satisfacer la curiosidad en alguna charla gratuita, pero en vez de eso, comienzan por bajarle el perfil al orador, dándole importancia a su color político, raza, credo religioso, en un acto de franca “mala leche” y de paso dándose a conocer como los más puros racistas e intolerantes arribistas, farreándose la posibilidad de tener algo más en sus cabezas, que no sean piojos, en otras palabras son más difíciles que pellizcarle el poto a un ánima.