Equinoterapia, el camino a la rehabilitación y la inclusión en Angol

Desde el año 2015 la Fundación Nuestra Señora del Rosario desarrolla programa en el Húsares. Atiende a 12 niños y niñas con Síndrome de Down y Asperger, ayudándolos a mejorar sus habilidades cognitivas, sociales y físicas.

ANGOL.- Los lunes y viernes de cada semana 12 niños llegan hasta el Regimiento Húsares de Angol a trabajar en el programa de Equinoterapia que realiza el Colegio Fundación Nuestra Señora del Rosario, el cual tiene como objetivo mejorar las habilidades cognitivas, sociales y físicas de los menores que forman parte de su Programa de Integración Escolar, PIE.

Marianela Quijada Ulloa, educadora diferencial de la Fundación Nuestra Señora del Rosario de Angol, señaló a Malleco7 que “nosotros comenzamos desde el año 2015 a trabajar en Equinoterapia con el apoyo del Regimiento Húsares, elaborando un proyecto para trabajar con niños de entre 6 y 12 años con capacidades educativas especiales, específicamente con Síndrome de Down, el cual presentamos a esta unidad militar para que me prestara los caballos y a los soldados que se requieren para apoyar a este trabajo de rehabilitación”.

La docente dijo que actualmente son 12 los estudiantes (7 niñas y 5 niños) que están asistiendo a las sesiones de Equinoterapia a la unidad militar angolina. “Venimos dos veces a la semana a trabajar acá, los lunes y los viernes por una hora, y lo que se hace es un trabajo de rehabilitación para los niños, es una terapia alternativa para ellos que les ayuda a superar algunas de sus dificultades motrices y cognitivas, así como también a potenciar sus habilidades sociales, su empatía y su estimulación sensorial a través de contacto del contacto con el caballo, el movimiento y el aroma, entre todo lo relacionado a estos animales”, sostuvo.

VÍNCULO

La Equinoterapia funciona desde mayo a diciembre, con el objetivo que la terapia en sí tenga un efecto real en el niño. “El aporte de esta terapia tiene varios beneficios para los menores, por ejemplo, a nivel cognitivo y de habilidades sociales; los niños llegan a acá al picadero y ven los caballos, a los cuales tienen la posibilidad de limpiarlos primero para luego poder montar en ellos, todo es un proceso, porque no es llegar y hacerlo”, señaló. Explicó que la razón de no montarlos de inmediato y de limpiarlos primero es para que se genere un vínculo con el animal. “Luego montan su caballo y vamos haciendo ejercicios a nivel social cognitivo y a nivel físico de rehabilitación; el efecto en los niños y niñas tienen que ver con el movimiento de vaivén que tiene el caballo al caminar, el cual es el aporte a nivel cognitivo y a nivel motriz”, explicó.

Destacó, además, que el calor del caballo aporta mucho porque se transmite a los niños, que lo sienten en su piel al tocarlos y al montarlos. “Eso les genera una estimulación, porque además hacer esta actividad es un premio para ellos. Ellos no lo ven como una clase que tienen para venir a rehabilitarse, sino que vienen a trabajar con los caballos, lo cual es maravilloso”, dijo.

La selección de los alumnos se hace a través de un diagnóstico previo; “tienen que traer un diagnóstico definido como Síndrome de Down, Autismo, Asperger y de ahí se hace una evaluación determinando qué es lo queremos hacer con los niños y ver de qué forma hacerlo para rehabilitarlo”.