Úrsula Acuña Caamaño dijo que fue una difícil decisión, que comenzó a barajar cuando en marzo dejaron de trabajar tras acuerdo tomado por los dueños de restaurantes de Angol.

ANGOL.- La pandemia del Covid-19 ha golpeado a muchos comerciantes de Angol que han debido cerrar sus negocios, porque la situación económica se ha visto afectada por el coronavirus. Ese es el caso de la señora Úrsula Acuña Caamaño, quien tras 55 años decidió cerrar el conocido restaurante Las Totoras, porque no ve que la emergencia provocada por el Covid-19 vaya a terminar tan pronto.

Explicó que por un lado siente nostalgia, “debido a que fueron muchos años de trabajo y de buenos tiempos que quedaron atrás”, pero siente alegría “por las satisfacciones que nos dio a mí y a mi familia” y, además, porque podrá descansar después de mucho tiempo, según señaló a Malleco7, porque se trata de una actividad muy demandante, porque ellos funcionaban los siete días de la semana durante todo el año, salvo en algunas fechas determinadas.

HISTORIA

Las Totoras comenzó a funcionar con ese nombre en 1965 (porque había una cancha de carreras llamada “Las Totoras”), en calle Julio Sepúlveda, entre Caupolicán y Colipí. Lo formó junto a su esposo, José Romero Muñoz, fallecido en el 2008, tras estar casados por 46 años. En aquellos años atendió a quienes trabajaron en la construcción del ahora antiguo Hospital Doctor Mauricio Heyermann Torres.

La señora Úrsula dijo que allí estuvieron hasta 1973, luego que el propietario del local, el cual arrendaban, se los pidiera y llegaron a su actual ubicación, en la esquina de Ilabaca con Covadonga (frente al hospital), donde su esposo tenía instalado un negocio de maderas.

ESPECIALIDAD

Por años ofrecieron su especialidad culinaria, las plateadas y las papas fritas, entre otras delicias que ella misma preparaba y que ahora lo hacía junto a una de sus nueras. Señaló que también tuvo la oportunidad de atender a quienes tenían a cargo la construcción del nuevo Hospital Mauricio Heyermann Torres y a mucha otra gente, incluso, que venían de visita a la ciudad. “Todos estos años, siempre con cariño y respeto, tratamos de brindar la mejor atención a nuestros clientes”, señaló.

Cerró su negocio por la pandemia en marzo (tras un acuerdo tomado con otros dueños de restaurantes) y finiquitó a sus dos garzones, quienes trabajaron con ella por muchos años, “con la esperanza de poder volver a funcionar, sin embargo, la pandemia dijo otra cosa”, señaló.

SUFICIENTE

“Ahora bajo las cortinas, porque ya he trabajado lo suficiente, estoy cansada y debido a que el Covid-19 no creo que sea controlado tan pronto, porque se trata de una enfermedad muy peligrosa”, sostuvo.

Señaló que su negocio, que fue un emprendimiento familiar que creció en base a mucho esfuerzo y trabajo, “que comenzó con muy poquito, pero de a poco se fue ampliando”, hasta llegar a lo que era hasta antes de la pandemia. “Quiero agradecer a todos mis clientes que me apoyaron durante tantos años y que me prefirieron haciéndonos un proyecto económico, sustentable y con reconocimiento a nivel regional”, sostuvo.

Por último, la señora Úrsula dijo que el local seguirá funcionando, porque lo va a arrendar a un nuevo concesionario.